¿Cuánto cuesta desarrollar software a medida?
Es la primera pregunta de todo el mundo y la más difícil de responder con un número. Pero sí se puede explicar qué mueve el precio — para que, cuando recibas un presupuesto, sepas si tiene sentido o te están vendiendo humo.
Pedir "una app" es como pedir "una casa". ¿Un monoambiente o una casa de tres pisos con pileta? El rango es enorme porque el precio no lo define la tecnología, lo define el alcance: cuánto tiene que hacer el software, para cuánta gente, y qué pasa si falla.
Lo que realmente mueve el precio
1. El alcance (lo más importante)
No es lo mismo una landing que capta contactos que un sistema que procesa pagos, sincroniza con servicios externos y maneja miles de usuarios. Cada pantalla, cada regla de negocio y cada integración suma horas. La pregunta clave no es "¿cuánto sale una app?" sino "¿qué tiene que hacer exactamente?".
2. Las integraciones con terceros
Conectar con una pasarela de pagos, un CRM, una API externa o un servicio de envíos casi siempre lleva más tiempo del esperado: hay que manejar errores, casos borde y cosas que fallan del lado del otro. Las integraciones son donde los presupuestos optimistas se rompen.
3. Lo que no se ve
Una parte grande del costo está en lo invisible: seguridad, manejo de errores, que no se pierdan datos, que aguante carga, que sea mantenible. Es la diferencia entre algo que "anda en la demo" y algo que aguanta en producción a las 3 de la mañana. Saltearse esto sale barato hoy y carísimo en seis meses.
4. Diseño y experiencia
Un diseño a medida, pensado para que tu usuario entienda y convierta, cuesta más que usar una plantilla — y a veces vale cada peso, a veces no. Depende de si el producto vive o muere por su interfaz.
Por qué dos presupuestos pueden dar 3x de diferencia
Es normal recibir cotizaciones muy distintas por "lo mismo". Las razones más comunes:
- Entendieron alcances distintos. Uno cotizó el MVP, otro el producto completo. No están cotizando lo mismo.
- Agencia vs. persona. Una agencia tiene estructura que pagar (vendedores, PMs, oficinas); eso va al precio. Un freelance que construye directo suele ser más barato y más rápido en la comunicación — pero depende de uno solo.
- Calidad real. El barato muchas veces no incluye lo invisible (seguridad, tests, mantenibilidad). Lo pagás igual, más tarde, cuando hay que rehacerlo.
- Ubicación del equipo. Las tarifas varían muchísimo por región.
Cómo evaluar un presupuesto sin ser técnico
- ¿Está desglosado por etapas o es un número suelto? El desglose muestra que pensaron el proyecto.
- ¿Incluye qué pasa después de la entrega — soporte, bugs, puesta en producción?
- ¿Te explican las decisiones en tu idioma, sin esconderse atrás de tecnicismos?
- ¿El alcance está por escrito? "Lo charlamos por WhatsApp" no es un alcance.
- ¿Quién va a escribir el código es la misma persona con la que hablás, o te pasan a un equipo que no conocés?
Entonces, ¿cuánto cuesta?
La respuesta honesta: depende del alcance, y por eso el primer paso no es un número, es una conversación. Una web informativa, un MVP para validar una idea y una plataforma que maneja dinero están en órdenes de magnitud distintos. Lo importante es que el precio salga de entender tu problema, no de una lista de precios genérica.
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